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lunes, 23 de noviembre de 2015

Canciones que podría escuchar eternamente | Capítulo 2

Falling Slowly


Una noche me propuso mi novio ver Once (Irlanda. 2006. Dir.: John Carney) y en principio me negué porque la última película que había elegido él me había resultado tediosa y de mal gusto (vimos Tideland. Reino Unido. 2005. Dir.: Terry Gilliam) y aún me duraba el rencor. Pero cuando me dijo que se trataba de un musical indie rápidamente acepté porque me encanta este género. Así disfruté de Falling Slowly, uno de los temas incluidos en la banda sonora de Once interpretado por Glen Hansard y Markéta Irglová, quienes en la película encarnan a dos cantantes y compositores heridos por amor que se conocen por casualidad y descubren que les une su pasión por la música. Falling Slowly ganó el Oscar a la Mejor canción original en 2007 y me gusta escucharla porque es una mezcla perfecta de sensibilidad y garra. Es un "oye, entiendo que te apetezca tirarlo todo por la borda pero aguanta, todo te va a salir bien". ¿Y quién no necesita un empujón de vez en cuando? Dejo aquí el vídeo de YouTube para quien quiera escucharla:


Y al igual que ya hice con Mad World, he plasmado lo que me inspira Falling Slowly en un diseño realizado con Illustrator:

"Toma este barco que se hunde y dirígelo a casa, aún estamos a tiempo.
Eleva tu voz de esperanza, tienes una elección, debes tomarla ahora" (Falling Slowly).


miércoles, 30 de septiembre de 2015

Canciones que podría escuchar eternamente | Capítulo 1

 Mad World


Descubrí esta maravillosa canción viendo Donnie Darko (EE.UU. 2001. Dir.: Richard Kelly) y la capturé con la aplicación Shazam. Mad World fue interpretada en 1982 por la banda británica Tears for Fears y en la película aparece una versión especial que hicieron Michael Andrews y Gary Jules. Cuando la escuché de nuevo, tras haber visto Donnie Darko, le di al botón "Ver de nuevo" unas diez veces seguidas, sin exagerar. Ésto me pasa únicamente con canciones con las que siento un flechazo desde el primer momento y cuando ocurre, pasan a ocupar automáticamente un espacio en mi discográfica mental. Recurro a las canciones que almaceno en mi memoria cada vez que lo necesito y a Mad World recurriré siempre que me sienta incomprendida o abrumada ante cualquier circunstancia. Dejo aquí el vídeo de YouTube para quien quiera escucharla:


Hoy me he propuesto plasmar lo que me inspira Mad World utilizando Illustrator (un programa de diseño) y publicarlo en el blog. El resultado no me convence pero he decidido compartirlo por ser fiel a mi idea inicial y porque si "ésto" es lo que me sugiere la canción, algún valor tiene que tener.


lunes, 28 de septiembre de 2015

Crítica de cine | Yo, él y Raquel (Me and Earl and the Dying Girl)


La amistad como vehículo para quererse más a uno mismo   

Un adolescente es obligado por su madre a hacerse amigo de una chica con leucemia.
Thomas Mann y Olivia Cooke, en "Me and Earl and the Dying Girl".

La adolescencia es una época de cambios donde la mayoría de los jóvenes busca encajar en un grupo con el que se sientan identificados para afrontar la madurez con otros que comprendan la dificultad que supone este paso. No es el caso de Greg, un chico inteligente y peculiar que concentra sus esfuerzos en ser invisible a los ojos de sus compañeros de instituto por temor al rechazo. Sólo se relaciona con Earl, su único amigo, para rodar extrañas películas basadas en otras que ya han visto.

Un día, la madre de Greg lo obliga a “hacer algo bueno por otra persona” y llamar a Rachel, una chica a la que han diagnosticado leucemia, para ofrecerle pasar el rato. La amistad que ambos construyen conmueve por estar basada en ayudarse mutuamente a aceptarse a sí mismos, compartir sus miedos e intentar hacerlos desaparecer. Greg se esfuerza por acompañar y divertir con sus ocurrencias a Rachel pese a la vulnerabilidad que siente al exponerse ante alguien. Y ella lo empuja a salir de ese anonimato autoimpuesto en el instituto y a elegir un futuro en una universidad.

“Me and Earl and the Dying Girl” es en definitiva una película que recuerdas días después de haberla visto y a la que se agradece esté protagonizada por personajes creíbles con problemas tratados sin trivialidad, pese a desarrollarse en el contexto escolar. No hay rastro de los efectismos que con frecuencia encontramos en las películas sobre enfermedades y que sólo pretenden hacernos llorar como magdalenas. Y es precisamente el humor que impregna todo el guión lo que la hace especial. Porque en el fondo, está claro, nadie quiere estar solo y nadie quiere morir. Y la risa es una buena alternativa


  • Lo mejor:  La secuencia final.
  • Lo peor: La traducción del título de la película al castellano.
  • Te gustará si: Te sientes identificado con los jóvenes diferentes que no encajan en los estereotipos del instituto.
  • Si te gustó, te recomiendo: Las ventajas de ser un marginado (The Perks of Being a Wallflower). EE.UU. 2012. Dir.: Stephen Chbosky.

Puedes saber más datos sobre Me and Earl and the Dying Girl (se estrena en España el 9 de octubre de 2015) consultando su ficha en filmaffinity

jueves, 17 de septiembre de 2015

Crítica de cine | Ático sin ascensor (5 Flights Up)


Aprender a valorar lo que tienes a cualquier edad

Un matrimonio, amedrentado por la vejez, decide vender su ático sin ascensor.

Diane Keaton y Morgan Freeman, en "Ático sin ascensor".

Todos nos hemos encontrado ante momentos en los que una decisión puede cambiar el curso de nuestra vida. Es el tipo de encrucijada en la que debes valorar con calma los motivos para dar un paso hacia delante sin olvidarte de mirar lo que dejarías atrás. En un dilema similar se encuentran Ruth y Alex, un matrimonio feliz que se siente en la obligación moral de vender su quinto piso sin ascensor para procurarse una estancia más adecuada en la vejez. El problema radica en que no sólo se despedirían de esas cinco plantas, sino de toda una vida  compartida y de los recuerdos unidos al que ha sido su hogar durante cuarenta años.

A través de flashbacks de la pareja protagonista, se conoce su historia y los obstáculos que han superado para estar juntos. Una ayuda un tanto innecesaria para el espectador, en parte gracias a las interpretaciones de Diane Keaton y Morgan Freeman, que desprenden amor, química y simpatía suficientes para responder a todos los interrogantes sobre su relación.

Viendo otros pisos y afrontando la decisión de vender el suyo, Ruth y Alex aprenden a valorar lo que tienen y deberán decidir si lo sacrifican para asegurarse un futuro tranquilo con ascensor o si aún no están preparados para dejar de subir los escalones que los lleva a pronunciar “hogar, dulce hogar”.

  • Lo mejor: La interpretación de Diane Keaton y Morgan Freeman.
  • Lo peor: El guión.
  • Te gustará si: Necesitas recordar que hay que disfrutar del día a día y no preocuparse por lo que pueda pasar mañana.
  • Si te gustó, te recomiendo: Ahora o nunca (The Bucket List). EE.UU. 2007. Dir.: Rob Reiner. 

Puedes saber más datos sobre Ático sin ascensor consultando su ficha en filmaffinity